Once upon a time...

Cosas que sentí y escribí un día.

Y EL DÍA QUE ME MUERA.

Todos somos libres, nadie somos dueños de nadie. Todo empieza y todo acaba.

Siempre hay que mantener el pensamiento de lo positivo, aunque aún no se tenga claro cómo conseguirlo, olvidar lo malo, seguir adelante y luchar, sin poner zancadillas. Tener nuestra propia opinión, respetando la de los demás. Tomar nuestras propias decisiones, sin dejar que los demás decidan por nosotros. Somos buenos por naturaleza, por suerte para todos. Aunque ninguno somos perfectos y nos equivocamos y erramos y probablemente nos sintamos mal y hagamos daño. Os ánimo a luchar siempre. Yo lo he hecho y te hace sentir bien, muy bien aunque por dentro te sientas roto. Da igual. Y eh! Que hay permiso para estar hecho polvo, para querer mandar todo a la torre más alta de Toronto, y rendirte! Pero sólo un día… vale?

Que se pasan los días y ni te enteras y piensas que la vida se nos va rápido… pero… en realidad ¡nos sobra tiempo! En líneas generales, ¡ojo! Porque si lo pensáis tiempo… Al fin y al cabo es lo único que tenemos, y todo pasa, el dolor pasa, el enfado pasa, la decepción pasa, lo que nunca pasa ni se olvida son esas personas que pasan por tu vida y te marcan. De una manera u otra todos hemos tenido alguien que marcó nuestra vida de forma especial, y jamás deberíamos querer olvidar eso.

Y es que, la vida de por sí es bastante complicada, ¿verdad? pero somos fuertes, que la vida no deja de ser un aprendizaje diario y ahí debemos estar, para amar a quién queramos, disfrutar de lo que queramos, cegarnos por lo que queramos, vivir por lo que queramos, sufrir también por lo que queramos pero siempre luchando y respetando a los demás.

Porque al final, ¡Jo! la vida pasa. Y habrá personas que entren y salgan de ella, pero yo cuando sea una ancianita arrugada y achuchable (porque voy a ser así y ¡punto!) me gustaría recordar todas mis vivencias, incluidas las peores, todas mis personas, incluidas las muy malas, todo lo que me hizo ser feliz y lo que me hizo el daño más grande… porque el día que me muera quiero poder decir que… “Lo hice bien, porque cuando me equivoqué también aprendí, me quedé con lo bueno y disfrute de ello, perdonaron mis errores, y yo a los demás, valoré a mis personas especiales, evité hacer daño y cuando lo hice supe pedir perdón y asumir mis responsabilidades”. En definitiva saber que mal… mal! … al menos no lo he hecho, y que oye… soy buena persona.

Y diréis y ésta qué hace pensando en el día que se muera… pues querid@s… como os he dicho nos sobra tiempo… pero de la suerte no hemos hablado.

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